lunes, 11 de julio de 2011

Las huellas del tiempo

El tiempo, ese que pasa y deja huellas, y cuando las deja en la mente del ser humano es terrible. Los ancianos saben mucho de eso, lo viven cotidianamente, lo sufren, y mucho.
 Personas que uno conoció inteligentes, rápidas, memoriosas, sagaces, capaces de muchas cosas por sí mismas, hoy resulta que no pueden entender la más mínima explicación y si esa persona es uno de nuestros seres más queridos entonces uno aborrece el tiempo transcurrido que provocó semejante daño.
 Porque es el cuerpo humano, sí, la mente humana, pero ella se deteriora por el mero transcurso del tiempo, como lo hacen la piel, el cabello y todos los órganos del cuerpo.
 Algunos tienen más suerte y pueden mantener por lo menos la mente no tan dañada más tiempo, otros en cambio, sufren al notar su propio deterioro y eso también lo sufrimos quienes los amamos.
 A veces pienso que la ciencia debería tratar más en aumentar la calidad de vida de las personas que su extensión. Esto último parece ser su prioridad, pero de ese modo nos dejan a la voluntad del tiempo que hace estragos en la mayoría de los seres humanos de este planeta.
 Personalmente me importaría vivir menos pero con mayor salud y no tantos años pero sufriendo mi propia degradación, perdiendo las habilidades y cualidades que pude haber tenido a lo largo de mi infancia y juventud.

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