
La música que escuchaba mi hijita mayor en su infancia, las canciones de cantaniño con una de las cuales aprendió el abecedario y por lo tanto a leer a los cuatro años... Cuánta ternura me trae ese recuerdo, también estaban las de Carlitos Balá y más tarde los Parchís. Cómo le gustaba la música a mi ángel y cómo jugaba con sus amiguitas Silvana y Andrea cantando y haciéndose las artistas bajo la parra de mi patio en las tardes de verano...
Luego se metían a la pileta y sus gritos de alegría al jugar, el chapoteo en el agua, todas son voces del tiempo que jamás podré olvidar.
Después salían de la pile y yo las esperaba con una bandeja enorme con vasos de chocolatada y canastitas llenas de galletitas dulces, esos alaridos de alegría son los únicos que soportaría nuevamente tan solo por volver a ver a mi dulce, a mi amada hija que ahora es un ángel del cielo.
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