martes, 23 de agosto de 2011
Los brotes de la parra y el perfume de las fresias
Quiero volver a escuchar las voces del tiempo, las del pasado, las que sonaban cantarinas en esta época del año cuando mirábamos con Noelia las ramas de la parra y le encontrábamos los primeros brotes apenas saliendo de sus capullitos, "¡mamita, mamita, comenzó a brotar la parra!", era el aviso pletórico de alegría de mi petichita cuando los descubría.
O a veces las voces de alegría y presagios veraniegos y vacacionales surgían de un aroma, el de las fresias que yo al regreso de mi trabajo, compraba en ramitos que distribuía por toda la casa. Para ella, el perfume de las fresias era sinónimo de fin de curso, vacaciones, el mar, la playa y su amado San Bernardo...
Qué feliz fui con esa vocecita que llenaba mi vida y que hoy ya no está en este mundo. Estuvo muy poco tiempo, sólo dieciseis años, pero dejó su huella imborrable de dulzura, ternura y amor en todos los que la conocieron y más aún quienes tuvieron la dicha de ser sus amigos. Amigos y amigas a quienes amaba casi tanto como a su familia.
Noelia, hija mía, nunca podrè ni quiero olvidarte, sos parte mía que ya no está aquí, la otra... está aferrada a la mano de tu hermanita... Pero ya llegará el día en que estemos juntas nuevamente y mucho más allá en el tiempo seguramente estaremos otra vez las tres y para siempre, mis hijas amadas.
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